miércoles, 15 de septiembre de 2010

La desconocida



en aquel tren, camino de Lisboa,
en el asiento contiguo, sin hablarte
-luego me arrepentí.
en Málaga, en un antro con luces
del color del crepúsculo, y los dos muy fumados,
y tú no me miraste.
De nuevo en aquel bar de Malasaña,
vestida de blanco, diosa de no sé
qué vicio o qué virtud.
En Sevilla, fascinado por tus ojos celestes
y tu melena negra, apoyada en la barra
de aquel sitio siniestro,
mirando fijamente -estarías bebida- el fondo de tu copa.
En Granada tus ojos eran grises
y me pediste fuego, y ya no te vi más,
y te estuve buscando.
O a la entrada del cine, en no sé dónde,
rodeada de gente que reía.
Y otra vez en Madrid, muy de noche,
cada cual esperando que pasase algún taxi
sin dirigirte incluso
ni una frase cortés, un inocente comentario...
En Córdoba, camino del hotel, cuando me preguntaste
por no sé qué lugar en yo no sé qué idioma,
y vi que te alejabas, y maldije la vida.
Innumerables veces, también,
en la imaginación, donde caminas
a veces junto a mí, sin saber qué decirnos.
Y sí, de pronto en algún bar
o llamando a mi puerta, confundida de piso,
apareces fugaz y cada vez distinta,
camino de tus mundos, donde yo no podré
tener memoria
.

Felipe Benítez Reyes

3 comentarios:

Selma dijo...

Hay veces que nos arrepentimos de no habernos cruzado y conocido antes a algunas personas ..

otras veces en cambio todo lo contrario...:(

Encantada de haberme cruzado contigo, Alucinao y de conocerte ;)
Un beso..
Esta boca a la Johannson, realmente hermosa..

alucinao dijo...

O de que el cruce con ese desconocido-a sea tan efímero y frustrante.

Lo mismo te digo Selma, el placer es mío.
Besazo.

Calderas Madrid dijo...

Muy pero muy bueno, gracias por compartirlo.

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